Camino sin sentir que lo hago por un sendero de gran recorrido creado en el trazado del camino de los caminos. Y, me parece, la gente con la que me cruzo o me adelanta tiene la misma sensación que yo. Al menos eso se puede deducir de su rostro de aspecto normal, muy diferente al que tendrían si supieran que discurren por el camino de los caminos. O, tal vez, es que no discurren en ese momento sobre por dónde están pasando.

Hay obras en el pavimento de la plaza, en una esquina. No han encontrado restos de un pavimento anterior, a no ser los adoquines que había antes de que echaran el asfalto que llega hasta los Porches. Pero no eran romanos. No compares.

Plaza de Navarra, junto a la plaza de la cárcel. Ahí está el cartelito, rojo y blanco, senderos turísticos de Aragón, GR17 y la marca amarilla con forma de concha que identifica el Camino de Santiago.

Es el camino catalán a Santiago de Compostela. Viene de Alfarrás, en Lérida, pasando luego por Albelda, Tamarite, Monzón, Selgua, Berbegal, Laperdiguera, Pertusa, Antillón, Pueyo de Fañanás, Ola y Huesca. Luego, se va hacia Bolea, circulando por La Peña y enlazando en Santa Cilia de Jaca con el camino francés, que viene de Somport. Seguramente, los peregrinos medievales caminaron por las dos vías romanas importantes que atravesaban este territorio tarraconense: la vía de Cesaraugusta a la Galia y la de Ilerda a Osca. Los trazados de los caminos romanos coinciden a tramos con esta ruta de gran recorrido.

La mañana en Huesca es muy agradable. El cartelito del sendero no llama la atención a unos jubilados que discurren por el camino que desde siglos han utilizado gentes venidas de las tierras situadas al Este de la capital mundial. Me parece.

Uno de los amigos lleva un andador. Los otros se sientan en las dos sillas que hay instaladas en una esquina del centro urbano y entablan una amena conversación. El señor del andador es el primero que abandona la charla. Tiene que ir a comprar yogures para sus nietos. Pasa junto al cartelito pero no lo ve.

Una persona sale de una oficina bancaria cercana. No pone cara de alegría. Igual su situación económica no es la que esperaba. Esto le pasaría, seguramente, a más de un peregrino que iba a Santiago para conseguir mejora espiritual y, quién sabe, material. El resultado del peregrinaje no sería siempre el mismo.

Alguien que circula junto al cartelito sobre un patinete sustituye al peregrino con recursos que iba sobre una caballería en tiempos pasados. Qué pensaría el viajero. Según en qué época viviera vería una recia muralla o tres conventos de carmelitas o franciscanos. Parece que todo se mueve a lo largo del tiempo. Pero el camino de los caminos, por lo que se ve, permanece. Esto lo sabe la plaza de Navarra.

La Plaza de Navarra cuando se llamaba Plaza de Camo

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