La pequeña maquinaria agrícola, ya fuera de uso, se reparte entre el abandono y un nuevo uso ornamental. Este arado, fotografiado en un rincón altoaragonés, cumple este segundo papel. Pero, aparte de su interés como máquina, su uso y las historias que hay en torno a él, tiene el interés de ser reflejo de un momento industrial importante en nuestro país. Es un arado Aranzabal. Viene del País Vasco.

El origen de la empresa Aranzabal se encuentra en torno a 1850, en un taller familiar en una venta cercana a Apodaca, en Álava. Con el tiempo se trasladó la empresa a Vitoria donde crearon un arado «estilo romano pero con diversos dispositivos mecánicos». Era el año 1890.
Sería su producto más destacado, por la calidad alcanzada. Las modificaciones que efectuaron al arado «Brabant» permitieron vender un arado adaptado a las necesidades del campo español. Estamos en 1908.
Otra innovación se produjo en su máquina aventadora, consiguiendo un nuevo éxito. En Álava existía otra importante fábrica de maquinaria agrícola, «Ajuria y Urigoitia». La unión industrial beneficiaba a todos.
En 1911 se constituye la Sociedad Regular Colectiva Aranzabal y Ajuria. Ajuria compraba a Aranzabal toda su producción y, a cambio, tenía la exclusiva comercial en España de todos sus productos. Poco tiempo después se fundó la Compañía Ajuria y Aranzabal, S.A.».
En el año 1923 acaba la vida de esta empresa Los Aranzabal forman una nueva empresa. Ajuria y Aranzabal son marcas que todavía podemos ver en los pueblos altoaragoneses, en cobertizos donde luce la aventadora Ajuria nº 1, o en máquinas que ahora son elemento ornamental, como este arado de dos ruedas marca Aranzabal.






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