Ricardo Aznar Casanova, uno de los promotores de la enseñanza del castellano en la educación superior de Bélgica, firmó en Bruselas un artículo en la revista Aragón (octubre de 1927) sobre la estancia en Ansó del pintor belga Philippe Swyncop. Sabíamos de este viaje por una postal que éste envió a un amigo suyo de Bruselas, en noviembre de 1926. Figura en una entrada anterior de este blog. Son cien años los que han pasado desde ese recorrido por el Pirineo aragonés.
Aznar Casanova compartió tertulia con Swyncop en un café de Bruselas y de él, entre otros, salió la idea de que conociera Aragón. Ilustra el texto con una fotografía del pintor belga y cuatro de sus cuadros pintados en estas tierras. Son retratos de personas con los trajes típicos de Ansó.
Ricardo Aznar recogía en su artículo lo bien que lo habían pasado el matrimonio, Philippe e Irene: « Swyncop, al tiempo que nos muestra sus lienzos en el caballete giratorio, nos habla de Ansó y del médico zaragozano D. José L. Alcay, el «Dios de Ansó», culto escritor que hizo por el pintor belga y porque su estancia fuera agradable, lo que en Aragón es tradicional, y nos habla del veterinario D. Pedro Cajal Aísa, en la misma forma, y del oficial de Carabineros D. Sebastián Pérez Ornat y de D. Mariano Gurría y de D. Juan García Gastón, el secretario gerente de la empresa «Ansotana», y del Alcalde de Ansó, ¡«bien hombre»!, y del loco Alba de Torres, cuya cabeza de estudio vemos sobre el caballete, y hasta del perro “Capitán”, de la pensión Aísa, ¡que tan bien cuidara a Don Felipe y su esposa, quien dice no puede vivir sin España.
Y nos hablan ambos de lo que por aquellas tierras se trabaja y de las hermosas carreteras y de los incomparables paisajes y de las bondades de los ansotanos y de los vinos y de los alimentos y de todo».
Los términos en los que se expresa el pintor belga en su postal al amigo de Bruselas no coinciden mucho con estas conclusiones de Aznar. Habla de malas comunicaciones y un pequeño pueblo alejado de todo.
Philippe Swyncop había estado ya en España, pintando paisajes y retratos, principalmente de Andalucía. El nuevo viaje le llevaría al Pirineo. «Y Don Felipe, esta vez en «auto», se dirigió al castizo valle aragonés de Ansó, yendo a parar al pueblo del mismo nombre. La clara visión del pintor belga trasladó muy pronto los tipos característicos e inmortalizados ya en sus lienzos, de las personas que sintetizan lo mejor de la raza aragonesa en aquellos contornos», escribe Aznar Casanova.

«Qué gozo no habrá sido para nosotros, penetrar en el taller de Bruselas, calle de Joncker, y cebarnos a la cara el matrimonio de Ansó D. Santiago Puyó y su mujer Dª. Pascuala Mendiara, «La ansotana», que en tiempos fue primer premio en Sevilla, en una exposición de vestimentas, y quien conserva con la unción de nuestros antepasados, todavía, una colección de trajes de hombres, mujeres y niños, con todos sus accesorios, que ella sólo sabe acomodar con gusto insuperable».
Pascuala fue retratada por Joaquín Sorolla «entre el 29 y 31 de agosto de 1912, momento en el que pinta tipos del natural para el panel «Aragón. La Jota»». En el blog «ansotano» se recoge el retrato que le realizó a Pascuala Mendiara, «que tantas vegadas fará dimpués de modelo pa artistas de tos os colós». https://ansotano.blogspot.com/1970/03/1912-sorolla-pinta-anso.html

Respecto a estos dos cuadros, Aznar indica que «»las chicas» María y Matea, encanto de hermosura, de «mañicas», han causado en nosotros una sensación de verdad en la factura, en el colorido, en la psicología, que nos ha transportado a aquellas tierras.
Y «La novia», con su jubón y saya verde, con los rojos y amarillos, los plata y oro de cruces, dijes y escapularios y las arracadas, todo ello de un sabor y de una significación que Swyncop ha sabido traducir de manera noble y elegante, sin mascarada ni españolada, digno, histórico, rico, tradicional, y por ello Aragón debe quedar al pintor belga agradecido». De esto hará cien años a finales de este 2026. Su hermano Charles, también pintor, incluyó el valle de Ansó en su periplo por España. Fue un lugar que cautivó a muchos artistas de un lado otro del Pirineo.




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